Heracles
Midhos, un ave especial
Al ver como se arrastraba por el suelo
el cuerpo incompleto de Dédalo, por un instante sentí lastima por la situación
algo patética en la que se encontraba. Él era un títere de los dioses, nunca se
buscó este final... Ellos siempre lo hacían. De pronto la cabeza de Dédalo se separó
de su cuerpo por el filo del arma de un sujeto desconocido por nosotros. Mire
hacia la oscuridad donde se ocultaba, hasta que apareció... Desde un principio
saque algunas conclusiones, el sujeto podría ayudarnos mucho, y a la vez podría
matarnos si nos descuidábamos. No diría nada, estaba bien que nos siguiera en
nuestro camino, pero no le perdería de vista. Un grueso muro de piedra cayo
detrás nuestro dejando a la vista a Adelphos y Keops... Y más atrás al
minotauro. Vaya, sí que era grande... Luego de ir por Pasifae, nos fuimos del
laberinto siguiéndola... ¿Cómo es que se sabía bien la salida del lugar? En
fin, ahora tendríamos que pensar en nuestro próximo objetivo, Poseidón.
-Aquí estas Midhos...- dije al ver como
el águila se posaba en mi brazo, me había preocupado al no verla ya casi
llegando a la salida. El ave chillo mientras nos dirigíamos al palacio de Minos.
Me retrase un poco, observando a todos los que iban delante. Me sentía aliviado
de no espirar ese olor a azufre, aunque raramente cuando me acercaba a Mor, ese
olor rápidamente se metía en mi nariz, ¿quién era ese sujeto? Midhos despego de
mi hombro y empezó a volar libremente en el cielo, la observe fijamente y luego
centre mi mirada hacia adelante. Herotarco se alejaba un poco del grupo,
Epifanía y Mor se quedaron hablando un poco. Busque con mi mirada a Midhos pero
no la encontré, ¿dónde se habrá metido ese ave ahora?
El camino transcurrió tranquilamente,
hable un poco con Herotarco y ambos coincidimos con que ese Mor tenía algo
raro, no le perderíamos de vista. Pasifae se veía muy tranquila, tal vez
demasiado para haber estado encerrada en el mismísimo laberinto del minotauro,
mmm... Creo que estaba algo paranoico, pero no podía darme el lujo de confiarme
si quería sobrevivir y cumplir mi venganza... Seguir mis instintos me había
hecho llegar hasta acá, me habían hecho sobrevivir y así seguiría. Mis pasos
iban a la par de los demás cuando divisamos el palacio de Minos. En ese momento
escuche un chillido y Midhos llego posándose en mi hombro...
-¿Dónde habías estado?- le dije
frunciendo el ceño, claro que no esperaba respuesta del ave, seguimos caminando
tranquilamente.
_Ten cuidado del Rey Minos..._ una voz
llego a mi cabeza, mire a mi alrededor, ¿de dónde había salido esa voz? Mire a
Midhos y fruncí el ceño, le susurre en un tono muy bajo...
-¿Eres tú?- el ave chillo, y
extrañamente le entendí, esto era raro.
-¿Estas bien Heracles? ¿Paso algo?-
dijo la voz de Epifanía detrás de mí, la mire a los ojos y puse cara de
despreocupación.
-No... No pasa nada...- le dije
mientras Pasifae hacia que pasáramos la entrada, los guardias rápidamente nos
llevaron con el Rey Minos. Lo mire fijamente mientras veía a su mujer, creí que
el Rey estaría más feliz de verla, ¿Epifanía tenía razón con lo que había
dicho? ¿Entonces Midhos tenía razón también? Esperaba que no haya
inconvenientes. Me retrase un poco aun con Midhos en mi hombro, saque algo de
mi ropa... Comida que me había guardado y se la di, la comió enseguida y
chillo.
-De nada...- le susurre. Escuchaba las
palabras de Minos, como estaba "feliz" de tener a Pasifae a su lado
de nuevo, como nos agradecía a nosotros el haberla rescatado entre otras cosas.
Al final nos ofreció un banquete antes de darnos su barco para partir hacia
nuestro objetivo.
Más tarde~
Todos estaban sentados en una larga
mesa, en la cual sobraban muchos lugares ya que éramos menos de diez... Pensaba
en las palabras de Minos, analizándolas para saber bien lo que pasaba. Aunque
mientras tanto con Midhos, comíamos tranquilamente esa carne tan deliciosa. Los
demás también comían muy gustosos, era un pequeño momento para relajarse y
tranquilizarse, antes de entrar a esas peligrosas aguas y enfrentarnos a
Poseidón. Claro, si es que Minos no se traía algo entre manos antes...
-Oye... Déjame algo...- le dije a
Midhos a modo de chiste ya que el ave no paraba de comer, pero bueno, mejor que
se alimentase. Esta chillo luego, fruncí el ceño. Mire a los demás, creo que
podríamos llegar lejos en esta travesía... Cumpliría mi promesa, por ellos...
By Silius